El desafío de visitar ocho pizzerías de la avenida Corrientes... en la misma noche, crónica del Muza5k en el suple Sábado de La Nación

8 porciones de pizzas, 2 moscatos y 6 chopps de cerveza (5 rubias y una negra): ese es mi resumen personasl del Muza5k que se realizó el sábado pasado. La crónica del evento que publiqué hoy en el suplemento Sábado del diario La Nación es esta:

Algo pasa en Chacarita. La gente que sale de la estación Federico Lacroze mira curiosa hacia el otro lado de la avenida, donde unas 60 personas se amontonan a las puertas de la pizzería El Imperio. Y no sólo se ha juntado gente: ¡también está la televisión! Quienes por allí pasan se acercan a preguntar de qué trata todo esto. “Esta por empezar la Muza5k”, responde alguien y señala hacia en el umbral de la pizzería, donde, dos pasos antes de la estatua de Carlitos Balá que hay en la entrada, un hombre sostiene una tijera con la que se prepara a cortar el piolín inaugural. “¿Corto?”, pregunta. La respuesta es obvia.
El periodista especialista en vinos y gastronomía Joaquín Hidalgo, que junto con su colega Martín Auzmendi convocaron al Muza5k, corta al fin el piolín y una columna de comensales atraviesa el salón hasta desembocar en el mostrador. El menú que solicita la multitud no tiene muchas variantes: una porción de mozzarella acompañada por un chopp de cerveza o un vaso de moscato o gaseosa; en el más osado de los casos, se agrega una fainá. Es que el objetivo del Muza5k es probar 8 de las pizzas de mozzarella al corte más tradicionales de la avenida Corrientes, para ver cuál es la más rica.
“Tener el dato que el otro no tiene es el secreto de ser un buen porteño, y por eso en toda reunión de amigos siempre se termina discutiendo sobre cuál es el mejor bar o cuál el mejor restaurante”, dice Joaquín. De hecho, cuenta, la Muza5K surgió de una discusión entre dos amigos suyos, Auzmendi y Franco Antolini, acerca de cuál es la mejor pizza de la avenida Corrientes.
Como ferviente defensor de Las Cuartetas, desde que tuve noticia del Muza5k abracé con espíritu deportivo la idea de contrastar sus virtudes con las que ofrecen otras mecas de la pizza al corte porteñas. Y ahora, con mi chopp de cerveza y el plato de lata en el que me han servido mi porción, me instalo en una de las barras de El Imperio a evaluar.
Tan sólo 10 minutos atrás, apenas pasadas las 18 de un sábado, el local estaba casi vacío. Pero ahora no hay lugar en las mesas ni en las barras, en las que la gente se zambulle en la evaluación (o degustación) de la pizza, bajo las luces de los flashes de los fotógrafos que registran el evento.
Del otro lado de mi barra, Pablo, de 31 años, me pide que le saque una foto. “Vine porque me gusta la pizza, tan simple como eso”, cuenta Pablo, que se enteró del evento a través del hashtag de twitter #muza5k, mientras exhibe su porción cual trofeo.
“Vamos saliendo”, indica desde la puerta Joaquín, y los que aún no terminamos nuestra tarea apuramos los últimos bocados y tragos.
En un clima de amena charla, la columna que atraviesa Corrientes en dirección al Centro reúne a conocidos y desconocidos que comparten las primeras impresiones. Es media hora de caminata la que nos separa de la siguiente parada; a nuestro lado el sol va cayendo y da la sensación de que ya somos varios más los que partimos de El Imperio.
En la puerta de La Continental nos espera más gente, que aplaude al vernos llegar. También, de nuevo, están las cámaras de la televisión. Nuestro ingreso al salón de la pizzería despierta el asombro en los pocos comensales: dos parejas de personas mayores, sentadas de frente a la puerta, pero también de frente al televisor que hay sobre la entrada, en cuya pantalla se proyecta... nuestro ingreso a La Continental.
A los pocos minutos, el salón quedó chico y buena parte de los participantes del Muza5k se acomoda en la vereda a degustar y compartir opiniones. Las conversaciones dejan en claro que muchos se han acercado al ver la transmisión en vivo de la primera parada del evento en la tele. Un dato no menor es que aquí la pizza es gratis, también el moscato, cedido por Bodegas Crotta, el único auspiciante del Muza5k.
Para la tercera escala, El Trébol, ya es de noche y el número de comensales se ha incrementado notoriamente –muchos vecinos se acercan preguntando: Acá es donde hay pizza gratis, ¿no?– y la estrecha vereda de la pizzería no da abasto. Quienes ya tienen su porción de pizza bajan a la calle, mientras en el interior del salón los cronistas televisivos arengan a la multitud para que levante en alto las porciones de pizza y entone cánticos de tipo futboleros.
Desde la escalera de un edificio contiguo, pizza y moscato en mano, quienes trabajamos en diversos medios nos preguntamos si esto no estará a punto de desmadrarse. Pero nada pasa. Desde la vereda de enfrente, alguien pega el grito para partir hacia el siguiente mojón. Y así la vanguardia de la masa crítica se pone de nuevo en marcha.
Al día siguiente, los diarios y la televisión dirán que fueron unas 300 personas las que corrieron la Muza5k. Y aunque no disponemos de cifras policiales, el número parece bastante correcto para describir la prolija fila que ahora nace de la puerta de Kentucky y dobla la esquina. Cuando den el OK, todos entraremos al local, nos acercaremos al mostrador, nos pertrecharemos y saldremos por la otra puerta dispuestos a debatir.
Ya son cuatro las pizzas degustadas y hay material para la confrontación: “El Trébol, no hay dudas”. “No, como Kentucky no hubo ninguna, esto va en orden ascendente.” “A mí no me gustó El Imperio, pura harina.” “La Continental no está a la altura de las otras.” La gente discute como si estuviéramos eligiendo presidente; argumenta, escucha, asiente, concede y retruca. Yo, de a ratos, me quejó: “Tendríamos que haber empezado desde La Mezzetta”.
Son las 20.30 cuando dejamos Kentucky y nos enfrentamos, como dice alguien a mi lado, al desierto. Veintidós cuadras separan a Kentucky de la siguiente estación: Güerrín. Sin dudarlo, emprendemos a pie el camino hacia la tierra prometida.
El paisaje va mutando: el Abasto, Once, Callao... A medida que pasan el tiempo y las cuadras se va notando una pequeña merma en la multitud, lo que no impide que a mi llegada a Güerrín tenga que hacer un buen rato de cola para ingresar. Estamos en hora pico, y de aquí en adelante se mezclarán en esta y en las pizzerías restantes –Banchero, Las Cuartetas y La Rey– el público habitué de la avenida Corrientes un sábado por la noche con los participantes de la Muza5k.
A mí, de a poco, el cansancio me va ganando. Eso, sumado a las sobremesas cada vez más extensas (sin mesa y de pie), hace que pase de la vanguardia a la retaguardia de la columna. Por eso a las 22.30, en La Rey, mientras me sirven mi último chopp de la noche, escucho que afuera, en la calle, comienza la votación. Con un porción de pizza en una mano y el chopp en la otra, salgo para escuchar que Güerrín se ha consagrado ganador de la Muza5k. Yo iba a votar a Las Cuartetas...

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