Los recitales le dicen adiós al pancho y la coca

(Publiqué esta nota en el suplemento Sábado del diario La Nación)


     Un pancho y una coca. O, a lo sumo, un chori seco cocinado mariposa por horas sobre la parrilla, una hamburguesa generalmente cruda, sólo marcada por fuera cuando no chamuscada, y una lata de cerveza que sale apenas fresca de una heladerita de telgopor escondida debajo del mostrador. Ese fue por años el menú de los recitales de rock, la nutritiva dieta de los fanáticos de los shows para saciar el hambre antes o después de empacharse con música. Pero aquella tradición empezó a cambiar (por suerte, cabe añadir).
     Para bien del público, las cosas evolucionaron y hoy la alta gastronomía se ha hecho un lugar en los eventos masivos, al punto de que muchos difunden sus propuestas gastronómicas con el mismo énfasis con que dan a conocer el line up de las bandas que tocarán en el festival. Es fácil imaginarse que cuando Los Pericos cierren la tercer noche del festival Foodsound, habrá muchos en el público disfrutando de la música mientras dan cuenta de un sándwich de hamburguesa de bondiola braseada, una raclette o un helado elaborado con nitrógeno, tres de los platos que ofrecerán Cocina Inquieta, Je Sui Raclette y Guilab en sus foodtrucks estacionados sobre el Paseo de la Costa de Vicente López.
     También, hoy y mañana, los asistentes a Food Fest BA degustarán platos típicos de Italia, Francia, Bélgica y España, mientras beben una cerveza artesanal o un vino de alta gama, ya que la gastronomía es tan protagonista hoy como las bandas que subirán al escenario del predio ferial de La Rural. Las cosas cambiaron, y para bien. “Antes tenías que hacer una maratón para comprarle una gaseosa al cocacolero que recorría el predio o hacer filas interminables para comer un pancho. Hoy reconocemos la gastronomía como parte del atractivo del festival y nos alejamos del pancho y la coca para dar lugar a nuevas opciones a través de los foodtrucks: productos de calidad y un sinfín de opciones para todos los bolsillos”, afirma Eduardo Fina, organizador de Foodsound, festival que se realizará el 10, 11 y 12 próximo en Laprida y el río, Vicente López, y que contará con bandas como Estelares, Los Bonnitos, Indios, Barco, además de los DJ Otto Bunge y Javier Zucker.
      “Creo que los festivales vivieron una evolución respecto de las propuestas gastronómicas –retoma Fina–. El festival de música, por ejemplo, dejó de ser un show donde la gente va a escuchar a su banda favorita para convertirse en un ritual para el fanático: organiza las actividades de su día en función a los horarios del evento, contempla lo que va a gastar de bebida, de comida, el transporte. Por eso, mientras más opciones ofrezcamos para optimizar la buena experiencia, siempre termina teniendo resultados positivos”.
     “En los últimos años, con la llegada de algunos festivales internacionales y la posterior creación de variadas opciones locales, las propuestas de este tipo de espectáculos ganaron no sólo en calidad sino también en contenido, ya que los eventos dejaron de ser un simple show musical para convertirse en una experiencia integral donde el consumidor la quiere pasar bien desde que llega hasta que se va”, coincide Manuel Sorrosal, Head Marketing de Grupo Cepas, que el finde pasado montó un stand bajo el formato de rancho norteamericano en el festival Rock N´Drive, en el que se ofrecían cócteles en base a Jack Daniel’s.

Un pionero que se reinventa
     Pionero en el concepto de ofrecer una experiencia que vaya más allá de lo musical, el festival Lollapalooza, que planea su próxima edición entre el 31 próximo y el 1° de abril, deja en claro que pretende seguir a la vanguardia en propuestas gastronómicas en 2017. En esta ocasión habrá cuatro sectores de comida diferenciados: uno pensado para chicos, dentro de su área Kidzapalloza; un sector saludable apodado Espíritu verde, con platos para celíacos, vegetarianos, veganos y naturistas; el ya convencional Campamento de foodtrucks; y el sector central: Lollapalooza Food Town.
     Food Town ofrecerá una competencia de sabores sobre dos ejes temáticos: Street food Argentina y Food Cities. Los asistentes podrán, en la posta de hamburguesas, ser parte de la competencia que se establecerá entre cinco cocciones argentinas y cinco cocciones internacionales de estos discos de carne; así, se enfrentarán, por ejemplo, la burger de los Andes (con cebollas al malbec y una barbacoa de uvas, pasas y tomates frescos) contra la Berlín (con cerdo, mostaza, chucrut y panceta crocante), entre otras. Y lo mismo ocurrirá en la posta de panchos y en la de choris. Años luz de distancia hay entre el triste y seco chori de recital de los ochenta y el Chori-Inca de Lollapalooza, con criolla de maíz y guacamole.

Subidos al foodtruck
     La “gourmetización” del recital encuentra su contrapartida en la incorporación de música en vivo en los eventos gastronómicos, lo que de alguna forma acerca estos dos polos del entertainment considerados hasta no hace mucho tiempo antagónicos. Un ejemplo de este feliz acercamiento son los Food Fest BA, que en su última edición, en octubre del año pasado, convocaron a 6000 personas por día, y que para hoy y mañana esperan a unas 10.000 por jornada, en el primero de los 10 festivales de fin de semana que de aquí a fin de año el predio ferial de La Rural albergará.
     “Originalmente, comenzamos a hacer Food Fest BA como un evento completamente gastronómico, al cual le anexábamos música con un discjockey que alternaba con alguna banda en vivo, pero luego fuimos mejorando la calidad de la música y del sonido –cuenta Pablo Lewkowicz, jefe de Producto de Ferias Propias en La Rural–. Es que de a poco nos dimos cuenta de que el visitante elige esta experiencia por el 360° que ofrece: no sólo por ir a comer y el «qué bueno que haya música». Es un todo, es poder pasar 3 o 4 horas en un predio que ofrece un lugar de esparcimiento que cubre ciertas necesidades edilicias (tengo donde sentarme, tribunas, baños reales, no químicos, me siento seguro) y donde hay buena gastronomía y buena música. La gente busca pasar buenos momentos, buenas experiencias”.
     La posibilidad de permitir que cualquier predio en el que se realiza un evento masivo –en especial aquellos que tienen el cielo como techo– albergue una propuesta gastronómica de calidad está dada en gran medida por los foodtrucks. “El foodtruck permite a las marcas tradicionales salir de su contexto habitual y llegar al público en una situación de consumo distinto, más relajada y con menos complejidad –dice Juan Martin Paz, responsable de la División Eventos & Foodtrucks del restaurant La Dorita–. El contexto económico muchas veces hace que el público restrinja el salir a comer afuera. Pero hoy, con los festivales y ferias, el consumidor encuentra en éstos la posibilidad de acceder al producto de una marca reconocida sin tener que pensar en los compromisos mencionados”.

La nota original publicada en La Nación se encuentra en el siguiente link: http://www.lanacion.com.ar/1989825-los-festivales-de-rock-se-gourmetizan

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