Vinexpo: crónica de una feria de la que (casi) nadie quiere estar ausente

(Publiqué una versión de esta nota en el suplemento Sábado de La Nación)



     BURDEOS.- Con temperaturas de hasta 39°, los 48.000 asistentes a la edición 2017 de la feria de vinos Vinexpo que se realizó esta semana cruzaban con el mayor apuro que el calor les permitía el recto y largo puente construido sobre el lago que bordea el centro de exposiciones de Burdeos para, una vez adentro, suspirar aliviados y agradecer las bondades de un aire acondicionado sobrecargado que, por momentos (y en ciertos lugares), no llegaba a dar respuesta. Sombreros de colores claros ellos, pequeñas sombrillas y paraguas ellas, todo elemento que no desentonara con el glamour que proponía el encuentro era válido para protegerse del rayo del sol.
     Es que bien si la importancia a nivel comercial de la feria francesa comienza a ser opacada por el avance de su competidora alemana ProWein, que cada año brota con más ímpetu en la fría Düsseldorf, Vinexpo retiene todo eso que hace de Burdeos el aspiracional del mundo del vino: la lujosa vida social y las fiestas (a las que sólo se accede invitación mediante) que se celebran en los numerosos château que rodean a esta ciudad portuaria que, hoy restaurada y renovada, brilla y renueva su apuesta por seguir siendo el norte de quienes buscan descubrir la forma de crear prestigio en torno al fruto de la vid.
     Vinexpo concentró en su pabellón en forma de L a 2300 expositores de 40 países que ofrecían a quienes se acercaban a sus stands una copa y una historia que contaban las virtudes del Rioja español, del grüner veltliner austríaco o del assyrtico griego, entre otros, pero lo cierto es que buena parte de los tratos comerciales que determinan el flujo de botellas entre un punto y otro del globo habían sido cerrados en marzo en ProWein. Y, sin embargo, ¡nadie quiso quedarse afuera de la feria! (o casi nadie: la mayoría de las bodegas de Australia y Nueva Zelanda pegaron el faltazo en respuesta a que en ediciones anteriores no se habrían visto beneficiados por el aire acondicionado que si se hacía notar en los stands de las bodegas francesas).
     Así es como aquí todos lucieron sus mejores ropas, aun cuando esto implicaba derretirse en el camino de ida y en el de vuelta. Impecables ellos y ellas, Francia e Italia llevaron la delantera: bastaba mirarlos para saber qué vestiremos el verano 2018 en el hemisferio sur; los japoneses, por su parte, ávidos de integrar la élite del mundo del vino no se conforman con comprar châteaux sino que van un paso adelante en el mundo de la moda, vistiendo las ropas más caras y, en muchos casos, más extravagantes. Es cierto que algunos pocos se animaban a ingresar al pabellón con bermudas y remeras; ya habrían de experimentar el frío de las salas de degustación, quizás los únicos sitios en donde el aire acondicionado lograba mantener el vino a temperatura.
     En la mayoría de los stands, por el contrario, la lucha de los expositores contra el calor no tenía cuartel. Quien atendía el de la bodega china Ningxia Kanaan (irreproducible aquí su nombre que en la solapa aparecía escrito en chino) pidió a este cronista que vuelva en media hora para ver si lograba enfriar el riesling que crece en el noroeste del gigante de Asia, cuyos blends de cabernet y merlot son sorprendentemente buenos. En el stand de Möet Hennessy pidieron disculpas porque el espumante que acababan de lanzar en Australia –toda una curiosidad, ya que en su elaboración se ha adicionado un bitter de naranja– también había cedido al calor.
     Afuera, en una suerte de patio de comidas que se extendía en la franja de tierra cubierta con una alfombra roja que separaba al pabellón de la expo del lago adyacente, ya apenas pasado el mediodía los glamorosos puestos de comida carecían de agua. “Hace mucho calor”, se excusaba alguien desde detrás del mostrador, al tiempo que ofrecía una cerveza (que tampoco estaba fría). Enfrente del restaurante, en una suerte de spa al paso montado al aire libre por la marca de agua auspiciante del evento, había quienes desafiaban el mediodía sentados en sillas de masajes bajo una endeble media sombra, entregados a los brazos experimentados de masajistas que combatían contracturas y ofrecían relax. Masajistas y masajeados traspiraban al unísono; mientras, quienes habían resuelto el tema almuerzo huían de regreso al pabellón.

Vinos orgánicos e e-commerce
     Estar en Vinexpo, forma parte de la misma, entablar reuniones de negocios (“one to wine”, como aquí las apodan) que tienen como finalidad reconfirmar los lazos comerciales, son los motivos que llevaron a los 2300 expositores y a los 1300 compradores clave de 55 países a darse cita en Burdeos. Es que Vinexpo no deja de ser la vidriera donde se exponen las tendencias del vino. Es el caso de la pasión por los vinos orgánicos. Por primera vez, Vinexpo contó con un espacio especialmente dedicado a los vinos orgánicos y biodinámicos (una variedad de la agricultura orgánica que, basada de la antroposofía de Rudolf Steiner, contempla la sintonía entre la vid, el vino, los planetas y las estrellas).
     Apodado WOW! (World of Organic Wines) y bajo un inmenso cartel verde césped, una suerte de laberinto circular concentraba a un centenar de bodegas que puesto un freno al uso excesivo de productos químicos en la viña y la bodega. Allí, era posible encontrar un par de bodegas argentinas, junto con bodegas italianas, francesas, españolas, sudafricanas o australianas que confirman que se trata de una tendencia global. A un lado del círculo orgánico, un restaurante ofrecía alimentos orgánicos en sintonía con la propuesta. Es más, si de lo que se trata es de asumir una postura sustentable, vale mencionar que el extenso estacionamiento del centro de exposiciones donde se realizó VInexpo está cubierto casi en su totalidad por paneles solares.
     Y si de tendencias se trata, Vinexpo 2017 dio evidencias de que el e-commerce que conforma la vía de comercialización de un número cada vez mayor de productos no es ajeno al mundo del vino. En el primer día de la feria, las autoridades de la propia Vinexpo firmaron un acuerdo con la plataforma de e-commerce del Grupo Alibaba, de Hong Kong (www.tmall.com), como camino para acortar las distancias entre el vino francés y el creciente número de consumidores chinos. “En el mundo del vino de alta gama, China es el mercado de crecimiento más rápido. Las tendencias actuales muestra que está en camino a convertirse en los próximos 20 años en la segunda nación que más dinero gasta en vino [superando al Reino Unido ya Francia]”, comentó Guillaume Deglise, CEO de Vinexpo en conferencia de prensa.
     El mundo del vino argentino también busca hacer pie en este canal de venta, como confirmó el inminente lanzamiento de la plataforma de e-commerce de la bodega Mascota Vineyards, anticipado aquí en Vinexpo. Vinos de autor con la firma del enólogo Rodolfo “Opi” Sadler –en los que, como describió Opi, “si bien la nariz es importante, lo principal es la boca: vinos redondos, de taninos maduros, sin asperezas”–, que tras su éxito en Estados Unidos y Europa pronto estarán disponibles en la Argentina a través de una original interface (www.mascotavineyards.com.ar) que no sólo permitirá la adquisición de los vinos por internet, sino que ofrecerá un contacto directo con el propio enólogo, que es quien presenta los vinos en la web. La plataforma además da la posibilidad de adquirir lotes especiales que no se encuentran en las contadas vinotecas y exclusivos restaurantes locales que ofrecen los vinos, como verticales (colecciones de distintas añadas de un mismo vino).


La revancha del rosado
     Los stands de Provence ofrecieron sus clásicos rosados en Vinexpo, pero no fueron los únicos: hubo rosés provenientes de países como Sudáfrica, España, Estados Unidos, Austria, China y, obviamente, Argentina (¡atentos a la criolla de El Esteco Old Vines!). Y no fue el calor lo que hico que estos habitualmente refrescantes vinos ocuparan cada vez más espacio en esta feria. En los últimos quince años la producción global de rosados se incrementó un 30%, llegando hoy a representar el 10% de la producción total de vino en todo el mundo. Vale mencionar que en 2016 se produjeron nada menos que 23.4 millones de hectolitros.
     En el mundo del rosado, señaló la sommelier y Master of Wine sueca Madeleine Stenwreth, “todos siguen el color de la Provence”. Es que hoy el rosado que explota en el paladar de los jóvenes consumidores no es el rojo intenso de antaño, sino el pálido color coral que ha sido siempre el sello del sur de Francia. “Todos están haciendo más vinos rosados porque buscan la posibilidad de sumarse a esta tendencia: hay un montón de personas que no quiere tomar tintos pesados pero que tampoco quieren blancos”, dijo Madeleine, y comentó: “Ayer, por ejemplo, probé un rosé de pinot noir de Austria fermentación y envejecimiento en barrica, lo que sumaba complejidad a un vino fácil de beber. Crearon un vino divertido, innovador y que atrae a los consumidores jóvenes. Todo lo que demuestra que hoy los rosados ya no son las sobras, como eran antes”.

La versión de esta nota publicada en La Nación se encuentra en el siguiente link: http://www.lanacion.com.ar/2036503-copa-en-mano-una-visita-al-paraiso-del-vino-en-francia

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