Opi Sadler: "Todo colabora con que en el mundo descubran el cabernet sauvignon argentino"

(Publiqué esta nota en el suplemento Sábado del diario La Nación)

 
     "Rodolfo Sadler. Profesión: enólogo", lee en voz alta el funcionario de migraciones del aeropuerto de Heathrow, Londres; levanta la vista del formulario y pregunta (en inglés): ?¿Enólogo? ¿Usted no será Opi?'. Temiendo ser parte de una cámara oculta o alguna broma por el estilo, Sadler asiente. El funcionario sale de su box y lo abraza. "¡Yo tomo tus vinos!", se explica, y luego le hace un gesto a una mujer policía: ?¡Es Opi! El enólogo que te decía'". La anécdota tiene algo más de un año, y por aquel entonces Sadler no estaba en la mira de los medios como lo está hoy, a un par de semanas de que su vino La Mascota Cabernet Sauvignon 2016 haya sido distinguido como el Mejor Vino Tinto del mundo en el prestigioso concurso Vinalies Internationales, que se realiza en Francia. Sin embargo, sus vinos ya lo habían convertido en una "celebridad".

-¿Qué te pasó por la cabeza cuando recibiste la noticia del premio de Vinalies?
-Me extrañó. Los argentinos siempre tenemos posibilidades de ganar con el malbec, porque el malbec argentino es el mejor del mundo, pero un cabernet, ¡y en Francia!, era algo medio imposible. Lo primero que hice fue leer dos veces los mensajes que me llegaban de felicitaciones para confirmar que se trataba del cabernet. Eso me llevó después a preguntarle a un par de jurados del Vinalies, que me crucé en [la feria de vinos] Prowein por qué lo habían elegido el mejor vino tinto del concurso.

-¿Y qué te dijeron?

-Uno de los dos, que era francés, solo me dijo que era el vino más elegante de todos. El otro, un canadiense, me dio más explicaciones. Este vino, me decía, nos confundía porque como era una cata a ciegas no entendíamos de dónde venía: no parecía un vino del Nuevo Mundo, que suelen ser corpulentos, gordos, pesados; sino que era un vino elegante, muy fácil de tomar, y que tenía detalles de fruta que eran increíbles y que no entendían. Decía que no habían probado otro cabernet con esas características proveniente de la Argentina.

-¿Que hayan elegido un cabernet nos dice algo a los argentinos que tenemos al malbec como cepa insignia?
-En Prowein, a donde llegué apenas recibí la noticia, la gente de otros países se acercaba a los stands argentinos con la expectativa de probar cabernet. Incluso los chilenos, que sienten que su cabernet es mucho mejor que el nuestro, se acercaban porque no entendían cómo un cabernet argentino podía haberles ganado. Todo colabora con que en el mundo descubran el cabernet sauvignon argentino, y también el cabernet franc, que ya es la cuarta variedad más exportada por la Argentina. Empezar a generar un deseo de tomar cabernet sauvignon argentino, y ser parte de eso, creo que es importante.

-¿Qué tipo de vinos te gusta hacer?
-A mí me gusta hacer vinos fáciles de tomar, amables, redondos, con taninos maduros, y eso te lo entrega la uva. Se trata de elegir el momento exacto de la cosecha. Porque si te pasás aparece la sobremadurez, y si te adelantás aparecen taninos un poco verdes. Por eso lo que más me gusta es estar muy cerca del viñedo, para determinar el momento justo en que hay que cosechar la uva. No hay ninguna otra magia en la bodega.

-¿Cómo ves esto del enólogo como estrella o celebridad?

-Cuando uno está trabajando en la bodega, o en los viñedos cuando está probando uva, uno no piensa ni en los premios ni en las celebridades, uno piensa en la pasión de querer hacer un buen vino. Pero realmente notás esa visión cuando vas al exterior, donde nos miran más como artistas que como productores de una bebida. Lo que en parte se entiende en países como Inglaterra, donde el vino es parte de la cultura, y donde saber de vino es como saber de pintura. Ahora, es difícil acostumbrarte a que te miren con cara rara porque sos una "celebridad". De todos modos, creo que no nos damos cuenta.

-¿Cómo te acercaste al vino?

-Mucho es tradición familiar. Mi abuelo era austríaco y en 1893, en lo que hoy es el norte de Italia, plantaba verduras y viñedos en las montañas. En 1908 migró a la Argentina y como buen montañés buscó montañas y se vino a Mendoza a seguir haciendo lo que hacía. Mi papá también era viticultor y enólogo, y con mi abuelo compraron una bodega chiquitita. Lo que yo recuerdo de mi infancia era jugar entre medio de las piletas de la bodega, y en los sótanos que estaban llenos de murciélagos.

-¿Y tu primer vino?
-Lo hice a los 10 u 11 años.

-¿Qué recordás de ese vino?
-En las bodegas, cuando se hacen vinos familiares, se aprovecha a hacerlos cuando termina la cosecha; entonces, generalmente son de uvas sobremaduras, que tienen mucho azúcar y dan vinos con mucho color, mucho alcohol y algunos gramos de azúcar. Recuerdo que era rico para mí, por esa cantidad de azúcar que tenía. Muchos años después volví a hacer un vino parecido, cuando un inglés de la cadena Laithwaite's, que le gustaban los vinos que hacía, me pidió que le haga un vino para él, y le dije: "Te voy a hacer un vino como lo hacía con mi viejo". Salió entonces uno con 15% de alcohol, mucho color y unos gramitos de azúcar, y al tipo le pareció fantástico. Pongámosle un nombre, dijimos, y el nombre gracioso que usábamos en mi casa era el murciélago lacrado, porque la bodega estaba llena de murciélagos y lacrado por esa cosa de sello de distinción. Le pusimos ese nombre en inglés -Waxed Bat-, y hoy se venden entre 40.000 y 50.000 cajas en Inglaterra de ese vino.

-¿Es justamente ese dulzor, ese poquito de azúcar, el camino para acercar al vino a quienes suelen tomar otras bebidas?
-Está a la vista que todos los vinos que surgieron en el mercado argentino y que tienen unos gramos de azúcar son aceptados por los jóvenes. Me pasó con mi hijo: empezó con vinos con algunos gramos de azúcar y ahora va a mi vinoteca con una aplicación, ve cuál es el más caro y me roba los mejores vinos que tengo. Son etapas. Ahora no toma vinos con azúcar, sino que busca calidad.

La nota original publicada en La Nación se encuentra en el siguiente link: https://www.lanacion.com.ar/2127556-rodolfo-opi-sadler-afuera-te-miran-mas-como-artista-que-como-el-hacedor-de-una-bebida

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